Pan blanco, no gracias.

Ya estábamos ansiosos por publicar un artículo sobre uno de los alimentos más consumidos en Europa occidental y que tantas discusiones tiene y tendrá, tanto por su composición nutricional, como por sus “supuestos beneficios”, es el caso del pan blanco. El pan blanco ha constituido y sigue constituyendo la base alimenticia de muchas familias, es más, desgraciadamente, muchas sólo pueden comer pan. Si echamos la mente atrás, podremos recordar como en los juegos romanos repartían pan a la plebe como símbolo de agradecimiento por su asistencia al espectáculo, en otros lugares, muchas personas realizaban tareas fatigosas y duras por una miserable hogaza de pan, muy comprensible, pues sobre todo en la Edad Media, muy pocos tenían el privilegio de comer carne, fruta y pescado, por lo que el pan era el alimento para subsistir.

Antes de empezar a profundizar en el pan, dejamos claro que no queremos decir con esto, que el pan sea un alimento malo malísimo, tan sólo vamos a hablar del pan de hoy en día, si se le puede llamar así, después, que cada uno saque sus conclusiones. El pan que se mendigaba y consumía hace siglos difiere mucho del pan de hoy en día, esto sí que está claro, y no se puede rebatir. El pan de verdad, es una buena fuente de hidratos de carbono, aminoácidos, minerales y vitaminas, además apenas tiene contenido graso. Cuando hablamos del pan de verdad me refiero a un pan hecho con harina integral, con cereales integrales que conserven su cáscara, una levadura de calidad y sin aditivos innecesarios como leche en polvo, proteína de soja, antiaglomerantes y sulfatos, es decir, un pan de sueño, sueño porque a no ser que te lo imagines, en un supermercado no lo vas a encontrar, ni siquiera en las pocas panaderías de barrio que dan tanta confianza te puedes fíar ya, tristemente es así.

El pan es un producto refinado y carente de nutrientes esenciales
El pan blanco es un producto refinado y carente de nutrientes esenciales

Podemos encontrar 2 tipos de pan normalmente, el integral que suele ser más caro, pero por sus supuestas propiedades nutritivas, y el pan blanco que es el barato, aunque como siga así la cosa, vamos a tener que hipotecar el piso para comprar pan. A parte de esta clasificación, luego existen panes de centeno, de trigo, de cebada, etc. El más consumido es el pan de trigo, un cereal que al igual que el maíz se ha masificado su producción indiscriminadamente, sometido a gran cantidad de procesos de manipulación. Estos procesos alteran las propiedades naturales del trigo y del maíz, convirtiéndolos en alimentos transgénicos con grandes repercusiones a nivel genético, tanto para el ser humano como para los animales que son alimentados con ellos (pollos, aves de corral, vacas, gallinas). Muchos siguen teniendo la creencia de que el pan integral es más nutritivo y adelgaza más que el pan blanco, por su alto contenido en fibra, oligoelementos y vitaminas. Pero, aunque muchos no lo crean, el pan integral que se vende en supermercados y en muchas panaderías de barrio, poco se diferencia del blanco. No sólo el pan integral, también sus derivados como baguettes, biscottes, galletas, pastas.. que los venden como si fuesen algo supersano y en realidad solo son más de lo mismo: NADA. La composición del pan integal respecto a aditivos es muy similar a la del pan blanco, y si tan integral es, podréis observar en las etiquetas, que el pan integral está compuesto como mucho de un 2, un 3 o un 4 por ciento de cereales, es decir, prácticamente nada, lo que en realidad estás comiendo es pan blanco pero con un ligero añadido de cereales. El pan blanco de hoy en día tiene un 80% menos de los nutrientes que puede tener un pan integral de verdad, apenas tiene hierro y vitaminas del grupo B, exceptuando su contenido en ácido fólico, que se sitúa en unos 25 microgramos por cada 100 gramos de pan, eso sí, en un pan enriquecido, en un pan blanco normal, mucho menos que eso. De todos modos los requerimientos diarios de ácido fólico, están fijados en torno a unos 500 microgramos en adultos, así que, aún queda, y bastante. En cuanto a la fibra, el pan blanco apenas tiene fibra, además al estar elaborado con harina refinada, en vez de ayudarnos a ir al baño lo que hace es estreñirnos, pues ya está suficientemente demostrado que los alimentos refinados son dañinos para nuestro intestino.

En resumen lo que nos queda del pan blanco, es almidón, unos cuantos aditivos innecesarios, (entre ellos, que he visto en muchas panaderías, es leche en polvo o derivados de leche, no sé en realidad porque hacen esto) y gluten. El almidón básicamente, para que lo entendamos de una vez, es azúcar. Y el gluten es pegamento para el intestino, ya sabemos los problemas que acarrea un exceso de gluten. El gluten, al que dedicaremos un artículo más adelante del que hablaremos bien sobre él, es un conjunto de proteínas (gliadina y glutenina) procedentes del trigo que en muchas personas no pueden digerirse bien porque su intestino no dispone de las enzimas necesarias para ello, por lo que pueden penetrar en nuestra sangre sin haber sido hidrolizadas, provocando alergías, asma, trastornos intestinales, úlceras y diárreas, entre otros. En personas sanas, el gluten como norma general no suele producir problemas, la verdadera gravedad reside en los niños. Los niños pequeños no tienen desarrollado completamente su intestino, por lo que la permeabilidad es mucho mayor, y muchos de ellos a edades tempranas se atiborran a bocadillos, gusanitos, bollos, patatas fritas… Estos alimentos están impregnados hasta las cejas de gluten, por lo que no es de extrañar que en años posteriores desarrollen una intolerancia al gluten. Además personas intolerantes al gluten, son más propensas a desarrollar otras intolerancias en años posteriores, como a la caseína de la leche, a la lactosa o a la soja. El gluten es el encargado de darle la esponjosidad y el volumen al pan.

Como conclusión, es importante decir que el pan blanco, como dijimos en un artículo anterior, es la base de la alimentación de muchas familias, y aunque aporte realmente poco, a veces es mejor eso que nada, en personas que no disponen de recursos suficientes para sustituir los nutrientes del pan por otro alimento, cometen un error al eliminar por completo el pan de la dieta. Aunque en realidad sería lo más aconsejable, pero si la dieta es inadecuada se pueden experimentar carencias de nutrientes en el futuro. Si estamos dispuestos a sacrificarnos por eliminar el pan blanco de nuestra dieta, deberemos asegurarnos ese aporte energético con otros alimentos, que quedaría bien resuelto con una ración de frutos secos, una ración de quinoa o de arroz integral. El pan blanco no es necesario, al igual que los lácteos, no olvidéis que las industrias que los fabrican tienen montado un gran monopolio y luchan cada día que pasa para esconder los verdaderos secretos del pan, que cualquier persona buenamente informada podría descubrirlos, pero al igual que con el maltrato de animales para la producción de carne, es mejor mirar hacia otro lado y seguir viviendo en una ignorancia que puede costarnos meses y años de buena salud.

Si no estás de acuerdo con lo descrito o quieres aportar ideas al respecto, puedes comentar abajo, te lo agradecemos. Un saludo compañeros.

4 comentarios en “Pan blanco, no gracias.

  1. La verdad que ya había leído otros artículos al respecto, pero es cierto que cada vez somos más los que conocemos la verdad sobre estos alimentos que no nos aportan nada. Encima no es de extrañar que con la cantidad de aditivos que le echan al poco tiempo se ponga el pan duro como las piedras.

  2. Y el pan de pueblo también es igual de malo?
    Joder colega es que no se va a poder comer nada al final, no me jodas. Aunque si es cierto que muy bueno no es, porque yo tengo problemas en el intestino y una de las primeras cosas que me quitaron fue el pan, bueno me lo dijo un naturópata.
    A ver cuando publican un articulo donde se hable bien del chorizo, el maragato o el melon con jamon. Decirme por favor, haha.

    • Hola Javi, en los pueblos pequeños, no se suelen emplear tantos aditivos en el pan, pero la harina y el trigo siguen siendo refinados. Debemos de olvidar la falsa creencia de que porque algo sea de pueblo o casero es bueno y no supone daño ninguno. Por ejemplo, el típico bizcocho o postre que casi nunca te lo sueles comer porque estan demasiado industrializados, pero si son caseros si te los comes. Pero si lo piensas con detenimiento, la base de harina que se utiliza para un bollo casero es refinada, el kilo de azúcar que se le añade para que este dulce también es refinada y si el postre requiere huevos, si éstos son de gallinas que viven atrincheradas en jaulas de 1 metro cuadrado alimentadas con maíz transgénico, creeme que es la misma porquería que te venden en un supermercado, muy rico eso sí, pero no es saludable. Gracias por tu comentario.

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